SM Carlos III de España mandó construir en 1766 una pedanía en el municipio de Aranjuez: el Real Cortijo de San Isidro. La zona, además de contar con una extensión agrícola inmensa, destacó por su ermita central y su Real Bodega, que en 1983 fue declarada Monumento Histórico Artístico.

Real Bodega de Carlos III, Aranjuez

Historia de la Bodega del Real Cortijo de Carlos III

El lagar-bodega contaba en sus inicios con 900 m2 en una nave subterránea, por debajo del pueblo, con 2500 m2 y una longitud de casi medio kilómetro. Durante el reinado de Carlos III y su hijo, Carlos IV, se encargó de proveer de vino y aceite a la Familia Real.  

Pero a finales del siglo XVIII, Manuel Godoy, el valido de Carlos IV (y supuesto amante de su mujer), se encaprichó del Cortijo y convenció a Carlos para que se lo cambiase por unos terrenos en Moncloa. Así fue como la bodega pasó también a fabricar aguardiente. Viendo que no tuvo mucho éxito, se la devolvió de nuevo a la realeza, quien fue pasándola de mano en mano hasta perder su propiedad a manos de particulares.

Hoy, tras ser una fábrica de champiñones durante muchos años, una sala de cine y almacen de alfafa, ofrece visitas guiadas, cata y un salón de eventos muy especial.

El tour de la Real Bodega de Carlos III

Las visitas se realizan solo durante los fines de semana a las 11.30h. La duración es de una hora aproximadamente, incluye la cata de dos vinos y un platito de queso (Don Apolonio, uno de mis favoritos) por tan solo 10€/persona. Se pueden reservar aquí.

Lo que más llama la atención del lugar es el colorido jardín francés que da la bienvenida: lleno de rosas rojas, junto a una pequeña representación de las variedades de vid que componen sus vinos.

Al entrar en el Cortijo, podemos ver un enorme pasillo subterráneo rodeado de barriles de madera de roble, que le dan al entorno un olor característico junto a de la humedad (la bodega se mantiene a 15ºc durante todo el año). Entonces la dicharachera guía comienza a contar la historia de Carlos III, de su hijo, su mujer y el amante de esta; y de cómo todos disfrutaban de los mejores caldos de Madrid allí debajo. Además, durante el paseo nos cuenta también cómo fue pasando de manos en manos hasta llegar a los propietarios actuales.

Al final de la visita, llegamos al lagar, que hoy son dos salones de celebraciones muy acogedores y elegantes. En uno de ellos, tiene lugar la cata de dos vinos de la casa: Homet, reserva de 2007 (con un especial toque ahumado), y Real Cortijo, un crianza de 2006 (el que más nos gustó, con sabor a frutos rojos y regaliz). Dos produtos que solo se pueden comprar allí tras la cata y online, pues no distribuyen.

La bodega también ofrece lo que llaman Enoexperiencias, donde realizan catas a ciegas, maridajes, Cheese&Wine Parties, creación de propio vino, etc. Así como bodas, bautizos, comuniones y ese tipo de eventos.

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