En otras ocasiones ya os he acercado las ventajas de e-mail marketing, una forma de publicidad en la que las marcas envían información a su público objetivo mediante correo electrónico. Estas newsletters a veces nos inundan nuestra bandeja de entrada, haciendo que no prestemos atención a ninguna por el efecto saturación. Otras llegan en el momento adecuado y nos las repasamos enteritas, e incluso cliqueamos en ellas y “caemos en la tentación”.

Por tanto, lograr captar la atención de los usuarios con esta vía, a pesar de ser una de las que registran mayores crecimientos y consiguen la actuación de los usuarios, es todo un reto para las empresas. Pero, ¿alguna vez os habéis preguntado cómo llegan hasta ahí?

Pues es bastante sencillo. En ocasiones somos nosotros mismos quienes solicitamos que nos lleguen. Son aquellas en las que visitando una página web o un blog que nos gusta encontramos esa opción de “Suscríbete a nuestra newsletter”, o “Sigue nuestras novedades”… en la que nos suele pedir nuestro e-mail. En el momento en el que lo rellenamos y aceptamos, nuestra dirección se convierte en “opt-in”, ya que hemos permitido la recepción de esos correos.

Pero, si además nos llega un correo de información de nuestra inscripción en el que nos solicita una aceptación de ese registro, la convertimos en doble opt-in. Esa aprobación le demuestra a las marcas que nuestra intención de recibir sus novedades es mayor, puesto que hemos aprobado dos veces que nos invadan de publicidad. Por tanto, estos tipos de mailings son los que registran mayores tasas de abertura. 

Sin embargo, en otras ocasiones nos preguntamos “¿cómo ha llegado esto aquí?”, que es el tipo de mailing que solemos consideramos spam. ¿Sabéis esos formularios online en los que nos preguntan nuestros datos personales a cambio de un regalo, recibir información de interés para nosotros? Pues esa información que nosotros rellenamos voluntariamente, son almacenados en una base de datos en la que nos inscribimos y aceptamos normas legales. Sí, sí, esa casilla pequeñita que el formulario nos obliga a pulsar antes de darle a “Aceptar envío”. O sea, que nosotros consentimos que esos datos se almacenen en la base y que sean utilizados para nuevos envíos.

¿Qué pasa después? Que los dueños de las bases de datos, entre otras funciones, los ceden a empresas que se dedican al envío de e-mail marketing. Estas empresas segmentan las bases según los intereses tiene cada usuario y así poder enviarle las campañas de e-mailing más adecuadas a su perfil. Campañas que las diferentes agencias les envían previamente para que programen su disparo y después analicen los resultados obtenidos (es decir, el número de personas que han recibido la newsletter, el número de clicks, las personas de las que se ha conseguido una interacción, etc). Así nos tienen permanentemente controlados y nos siguen enviando el mismo tipo de publicidad al que solemos responder, porque alguna que otra vez “picaremos en ella”.

Así que ya sabes, si no quieres que tu bandeja de entrada se llene de información que crees que no te interesa, ojito con la cesión de tus datos, que a día de hoy es de las cosas más valiosas que puedes ofrecerle a las empresas. Pero tranquil@, que de todos podemos darnos de baja, al menos legalmente, pues en todos los e-mails deben aparecer la opción de darnos de baja o mandar a la carpeta de spam.

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