Infobesidad, el ruido comunicativo del siglo XXI

Existe una frase adaptable a todos los ámbitos de nuestra vida que da respuesta y resume muchas conversaciones cotidianas y profesionales, dando garantía de certeza a la afirmación: “la información es poder”.

Pero hoy en día es más fácil y barato acceder a todo tipo de información en cualquier lugar gracias a Internet, hecho que puede suponer un problema si no se gestiona de manera eficaz y no se sabe distinguir la divulgación de la realidad. Además, cuando ésta fluye en grandes cantidades y aumenta exponencialmente, se puede llegar a producir una sobrecarga, también conocida como infobesidad.

El término se refiere al momento en el cual la capacidad del individuo para procesar tal cantidad de esta, se ve superada por el torrente de la misma que le llega, pudiendo así sentirse frustrado, volverse menos productivo e incluso desembocar en la toma errónea de decisiones sobre su consumo.

Y esto… ¿a qué se debe?

En los últimos años hemos pasado de un contexto en el que unos pocos individuos aportaban sus conocimientos a una gran masa, a que todos seamos productores y consumidores. Así, mediante la continua creación y difusión de artículos, vídeos, fotos, correos electrónicos, publicaciones en redes sociales, blogs, foros, etc; el usuario se encuentra con multitud de cápsulas informativas en su búsqueda.

El paso más difícil consiste en descubrir qué es noticia (nos introducen en el contexto en el que nos encontramos, la realidad que nos rodea) qué es conocimiento (supone un aprendizaje más profundo que nos ofrece lecciones permanentes para tomar decisiones en el futuro). Pero, sobre todo, qué es real.

¿Y qué produce?

A medida que se multiplican los contenidos en Internet, la capacidad de leerlos decae. Como refleja un estudio de la consultora Nielsen, la media de palabras leídas en un texto de una web no supera las 200. Por tanto, el problema viene cuando no somos capaces de controlar esos excesos de datos que recibimos a diario y sentimos la necesidad de ver el móvil cada minuto, en cualquier situación, lugar  e incluso con cualquier compañía. Sobre todo, cuando no diferenciamos donde encontrar cada ítem que buscamos, para terminar obteniendo lo mismo en diferentes fuentes, obviando otra información también relevante para nosotros.

Estas situaciones se amplían cuando la pantalla del dispositivo está entre las 4 y 5 pulgadas, pues el consumo cognitivo es mayor, incrementando así la sobrecarga. Los usuarios vemos menos, y tenemos que confiar más en nuestra memoria para entender todo lo que se nos ofrece en tan poco tamaño. Además, la búsqueda nos lleva más tiempo, nos desviará más la atención del contenido real que buscamos, y sobre todo, el hecho de que podamos acceder a él en cualquier lugar; hará que dejemos aparcada cualquier tarea en cualquier momento, en favor de la búsqueda.

A pesar de todo, los usuarios cada vez somos más propensos a utilizar nuestros smartphones, lo que provoca que nos enfrentemos a nuevas patologías ligadas al uso indiscriminado de estos aparatos como lo es la infobesidad. Por ello, a pesar del increíble crecimiento del m-commerce, la búsqueda y recopilación de información es más productiva en un ordenador o Tablet, conde tenemos esta de una forma amplia y completa con un teclado más accesible.

Por tanto, móvil es un dispositivo cercano y personal que nos permite realizar búsquedas y compras en cualquier hora, situación y lugar, sin límites de cables ni espacio. Pero… ¿cuántas veces hemos dejado de hacer algo para cotillear nuestro móvil? O dejar de hablar con alguien en un entorno social, o buscar un tweet concreto y acabar por leer todas las actualizaciones de Twitter, o creer información sin tener en cuenta la fuente solo porque aparece en Google. O…

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